LA PAZ, BOLIVIA. En una conferencia de prensa que dejó perplejos a expertos militares y geógrafos por igual, el gobierno boliviano anunció oficialmente el inicio del proyecto «Almirante del Altiplano», el primer portaaviones nuclear de la historia nacional.
La embarcación, cuyo costo estimado equivale a aproximadamente diecisiete veces el PIB del país, tendrá capacidad para 85 aeronaves, dos reactores nucleares y una cancha reglamentaria de fútbol para partidos amistosos durante las travesías oceánicas.
Ante las preguntas de periodistas sobre dónde operaría exactamente el buque, considerando que Bolivia carece de acceso directo al mar desde finales del siglo XIX, las autoridades respondieron que se trata de una visión estratégica de largo plazo.
«Los pesimistas siempre se enfocan en los detalles», explicó el Ministro de Defensa. «Cuando Estados Unidos construyó el programa Apolo tampoco tenía bases en la Luna.»
Según documentos obtenidos por El Hocicón, la primera fase del proyecto contempla entrenar a más de 4.000 marineros en las aguas del lago Titicaca. Para simular condiciones oceánicas reales, las autoridades instalarán máquinas generadoras de olas y contratarán actores para interpretar piratas, tormentas tropicales y turistas alemanes perdidos.
El diseño del portaaviones incluirá además una pista de despegue inclinada, radares de última generación y un museo dedicado exclusivamente a recordar que Bolivia alguna vez tuvo costa.
Analistas internacionales han reaccionado con cautela. Un portavoz del Pentágono declaró que «técnicamente no existe ninguna norma que prohíba a un país sin litoral construir un portaaviones nuclear», aunque reconoció que «jamás pensamos que necesitaríamos discutir este escenario».
La iniciativa también ha despertado interés en otras naciones. Paraguay habría anunciado estudios preliminares para desarrollar una fuerza submarina oceánica, mientras que Mongolia evalúa la compra de una flota de destructores para proteger sus intereses marítimos.
No obstante, las autoridades bolivianas mantienen el optimismo. El presidente del comité del proyecto aseguró que el objetivo final no es únicamente disponer de una poderosa herramienta militar, sino también enviar un mensaje al mundo.
«Muchos dijeron que era imposible. Que era caro. Que no teníamos mar. Precisamente por esa mentalidad negativa es que nunca se avanza.»
Al cierre de esta edición, el portaaviones ya había sufrido un retraso de tres años después de que los ingenieros descubrieran un obstáculo inesperado: la necesidad de encontrar un océano.